Las 7 cualidades de las personas crónicamente infelices
Para adentrarnos en el tema, preguntémonos si aceptamos que toda nuestra actuación depende del sistema de creencias que aprendimos desde niños.
Así, una vez que confirmamos lo anterior, entonces es posible observarnos para hacernos conscientes de que hay veces que nos ubicamos como personas que no hemos logrado ser felices, pues esto significa que ubicamos "la felicidad" como un objetivo a lograr en el futuro, siendo que realmente, "solo se puede ser feliz en el momento presente". Reflexionemos esto.
Basados en lo anterior, sin duda encontraremos personas que se auto ubican como personas infelices en cada momento, a lo que se les llama "personas crónicamente infelices".
Pero... ¿cuáles son las características o cualidades de las personas crónicamente infelices?
A continuación te invito a que revises si tú no cuentas con estas cualidades (espero que no).
Estas son las 7 cualidades de las personas crónicamente infelices.
1. Piensan por defecto que la vida es dura.
La gente feliz sabe que
la vida puede ser dura y suelen enfrentarse a los momentos difíciles con una
actitud de curiosidad en vez de victimismo. Se hacen responsables
de haberse metido en un lío y se concentran en salir de ahí lo antes posible.
La perseverancia ante la
resolución de problemas -en lugar de quejarse por las circunstancias- es un síntoma de una persona feliz. Las personas infelices se ven como
víctimas de la vida y se atascan en la actitud de “mira lo que me ha pasado” en vez de buscar una salida al otro lado.
2. Creen que no se puede confiar en la mayoría
de la gente.
No voy a discutir que el
sano discernimiento es importante, pero la mayoría de las personas felices
confían en sus compañeros. Creen en la bondad de la gente; no consideran que todo el mundo tiene intención de
pillarlos. En general, la gente feliz se muestra abierta y simpática con las
personas que conocen y desarrollan un sentido de comunidad a su alrededor.
Los infelices desconfían de la mayoría de personas que
conocen y piensan que no se puede confiar en los desconocidos. Por desgracia, este comportamiento va cerrando poco a poco la puerta a cualquier conexión con el mundo más allá de su círculo interno e impide cualquier
oportunidad de hacer nuevos amigos.
3. Se concentran en lo que va mal, no en lo que
va bien.
Sin duda hay muchas cosas
que nos disgustan en este mundo, pero las personas infelices pasan por alto lo bueno y se
centran en lo que va mal. Los puedes ver de lejos, quejándose y respondiendo “sí, pero…” a cualquier aspecto positivo de nuestro mundo.
La gente feliz es
consciente de los problemas del mundo, pero equilibran su preocupación con el
conocimiento de lo que va bien. Me gusta llamarlo “tener los dos ojos
abiertos”. Los que no son felices
tienden a cerrar un ojo ante lo bueno por miedo a distraerse de lo malo. La gente feliz
mantiene la perspectiva. Saben que nuestro mundo tiene problemas, pero también
dirigen su mirada hacia lo positivo.
4. Se comparan con otros por envidia.
Una persona infeliz
piensa que la buena suerte de los demás les está robando la suya. Creen que no
hay suficientes cosas buenas y siempre comparan lo suyo con lo de los demás.
Esto lleva a los celos y al resentimiento.
Las personas felices
saben que su buena suerte y sus circunstancias son simplemente signos de
aquello a lo que pueden aspirar a conseguir. Los felices creen que poseen un
plan de acción único que nadie puede duplicar ni robar. Creen en posibilidades
ilimitadas y no se desaniman pensando que la buena suerte de alguien limita sus
resultados en la vida.
5. Ansían controlar su vida.
Existe una diferencia
entre el control y las ansias de conseguir nuestros
objetivos. La gente feliz va dando pasos todos los días para lograr sus
objetivos, pero se dan cuenta de que al final, pocas cosas se pueden controlar en lo que nos depara la
vida.
Las personas infelices
tienden a microgestionar sus esfuerzos por controlar todos los resultados y se derrumban cuando la vida les destroza su plan. La gente feliz también se
concentra, pero tienen la capacidad de dejarse llevar y no desmoronarse cuando
se llevan un chasco.
La clave es centrarse en
los objetivos, pero dejar espacio para que ocurra lo peor
sin derrumbarse. Hasta los mejores planes se desvían. Cuando algo sale mal, la
gente feliz tiene un plan B: seguir la corriente.
6. Piensan en el futuro con miedo y
preocupación.
La gente infeliz tiene la
cabeza llena de pensamientos negativos y no da una oportunidad a
lo que podría salir bien.
Las personas felices
tienen una dosis saludable de delirio y se permiten soñar despiertos con lo que
les gustaría que la vida les sorprendiera. Las personas infelices
tienen la mente repleta de miedos y preocupaciones constantes.
La gente feliz experimenta miedo y preocupación, pero existe una gran
diferencia entre sentirlo y vivirlo. Cuando el miedo llega al pensamiento de
una persona feliz, ésta busca qué puede hacer para evitar que ocurra lo que le
preocupa (de nuevo, la idea de responsabilidad). Si no está en su mano, se dan
cuenta de que el miedo se está apoderando, y lo aparcan.
7. Siempre hablan de chismes y quejas.
A las personas infelices
les gusta vivir en el pasado. Lo que les pasa, los problemas, son sus
temas preferidos de conversación. Cuando se les acaban las cosas que decir, se
pasan a hablar y cotillear sobre la vida de otras personas.
La gente feliz vive en el ahora y sueña con el futuro. Puedes sentir sus vibraciones positivas
al entrar en una sala. Se emocionan cuando algo sale bien, agradecen lo que
tienen y sueñan con lo que les pueda
deparar la vida.
Obviamente, nadie es perfecto. Todos nadamos en las aguas de la negatividad de vez en cuando,
pero lo importante es el tiempo que nos quedemos en ellas y lo rápido que
intentemos salir de ahí. No consiste en hacer todo a la perfección: son los hábitos positivos de la vida diaria lo
que diferencia a las personas felices de las infelices.
La
diferencia reside en levantarse.
Así, una vez que confirmamos lo anterior, entonces es posible observarnos para hacernos conscientes de que hay veces que nos ubicamos como personas que no hemos logrado ser felices, pues esto significa que ubicamos "la felicidad" como un objetivo a lograr en el futuro, siendo que realmente, "solo se puede ser feliz en el momento presente". Reflexionemos esto.
Basados en lo anterior, sin duda encontraremos personas que se auto ubican como personas infelices en cada momento, a lo que se les llama "personas crónicamente infelices".
Pero... ¿cuáles son las características o cualidades de las personas crónicamente infelices?
A continuación te invito a que revises si tú no cuentas con estas cualidades (espero que no).
Estas son las 7 cualidades de las personas crónicamente infelices.
1. Piensan por defecto que la vida es dura.
La gente feliz sabe que
la vida puede ser dura y suelen enfrentarse a los momentos difíciles con una
actitud de curiosidad en vez de victimismo. Se hacen responsables
de haberse metido en un lío y se concentran en salir de ahí lo antes posible.
La perseverancia ante la
resolución de problemas -en lugar de quejarse por las circunstancias- es un síntoma de una persona feliz. Las personas infelices se ven como
víctimas de la vida y se atascan en la actitud de “mira lo que me ha pasado” en vez de buscar una salida al otro lado.
2. Creen que no se puede confiar en la mayoría
de la gente.
No voy a discutir que el
sano discernimiento es importante, pero la mayoría de las personas felices
confían en sus compañeros. Creen en la bondad de la gente; no consideran que todo el mundo tiene intención de
pillarlos. En general, la gente feliz se muestra abierta y simpática con las
personas que conocen y desarrollan un sentido de comunidad a su alrededor.
Los infelices desconfían de la mayoría de personas que
conocen y piensan que no se puede confiar en los desconocidos. Por desgracia, este comportamiento va cerrando poco a poco la puerta a cualquier conexión con el mundo más allá de su círculo interno e impide cualquier
oportunidad de hacer nuevos amigos.
3. Se concentran en lo que va mal, no en lo que
va bien.
Sin duda hay muchas cosas
que nos disgustan en este mundo, pero las personas infelices pasan por alto lo bueno y se
centran en lo que va mal. Los puedes ver de lejos, quejándose y respondiendo “sí, pero…” a cualquier aspecto positivo de nuestro mundo.
La gente feliz es
consciente de los problemas del mundo, pero equilibran su preocupación con el
conocimiento de lo que va bien. Me gusta llamarlo “tener los dos ojos
abiertos”. Los que no son felices
tienden a cerrar un ojo ante lo bueno por miedo a distraerse de lo malo. La gente feliz
mantiene la perspectiva. Saben que nuestro mundo tiene problemas, pero también
dirigen su mirada hacia lo positivo.
4. Se comparan con otros por envidia.
Una persona infeliz
piensa que la buena suerte de los demás les está robando la suya. Creen que no
hay suficientes cosas buenas y siempre comparan lo suyo con lo de los demás.
Esto lleva a los celos y al resentimiento.
Las personas felices
saben que su buena suerte y sus circunstancias son simplemente signos de
aquello a lo que pueden aspirar a conseguir. Los felices creen que poseen un
plan de acción único que nadie puede duplicar ni robar. Creen en posibilidades
ilimitadas y no se desaniman pensando que la buena suerte de alguien limita sus
resultados en la vida.
5. Ansían controlar su vida.
Existe una diferencia
entre el control y las ansias de conseguir nuestros
objetivos. La gente feliz va dando pasos todos los días para lograr sus
objetivos, pero se dan cuenta de que al final, pocas cosas se pueden controlar en lo que nos depara la
vida.
Las personas infelices
tienden a microgestionar sus esfuerzos por controlar todos los resultados y se derrumban cuando la vida les destroza su plan. La gente feliz también se
concentra, pero tienen la capacidad de dejarse llevar y no desmoronarse cuando
se llevan un chasco.
La clave es centrarse en
los objetivos, pero dejar espacio para que ocurra lo peor
sin derrumbarse. Hasta los mejores planes se desvían. Cuando algo sale mal, la
gente feliz tiene un plan B: seguir la corriente.
6. Piensan en el futuro con miedo y
preocupación.
La gente infeliz tiene la
cabeza llena de pensamientos negativos y no da una oportunidad a
lo que podría salir bien.
Las personas felices
tienen una dosis saludable de delirio y se permiten soñar despiertos con lo que
les gustaría que la vida les sorprendiera. Las personas infelices
tienen la mente repleta de miedos y preocupaciones constantes.
La gente feliz experimenta miedo y preocupación, pero existe una gran
diferencia entre sentirlo y vivirlo. Cuando el miedo llega al pensamiento de
una persona feliz, ésta busca qué puede hacer para evitar que ocurra lo que le
preocupa (de nuevo, la idea de responsabilidad). Si no está en su mano, se dan
cuenta de que el miedo se está apoderando, y lo aparcan.
7. Siempre hablan de chismes y quejas.
A las personas infelices
les gusta vivir en el pasado. Lo que les pasa, los problemas, son sus
temas preferidos de conversación. Cuando se les acaban las cosas que decir, se
pasan a hablar y cotillear sobre la vida de otras personas.
La gente feliz vive en el ahora y sueña con el futuro. Puedes sentir sus vibraciones positivas
al entrar en una sala. Se emocionan cuando algo sale bien, agradecen lo que
tienen y sueñan con lo que les pueda
deparar la vida.
Obviamente, nadie es perfecto. Todos nadamos en las aguas de la negatividad de vez en cuando,
pero lo importante es el tiempo que nos quedemos en ellas y lo rápido que
intentemos salir de ahí. No consiste en hacer todo a la perfección: son los hábitos positivos de la vida diaria lo
que diferencia a las personas felices de las infelices.
Después de revisar los puntos anteriores te invito a que camines por la vida, cáete, vuelve a levantarte y repítelo.
La
diferencia reside en levantarse.
.....
Así que... ¿no te ubicaste con las cualidades anteriores? Excelente.
¿Y si te ubicaste? Mejor aún, porque ya eres consciente de lo que has de hacer para dejar tu infelicidad atrás y vivir el momento presente siendo feliz.
Feliz, bendecido y productivo día.
Don Emilio Garza
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