¿Cómo dejar de sentirse culpable?
Hola queridos amigos lectores, hoy les comparto este artículo que sin duda logra hacer que nos caiga el saco... (fuente: Marta Klimek | May 24, 2017)
¿Cuáles
son los orígenes de nuestra culpabilidad?
La
alegría de una existencia sin comparación
Culpabilidad vs responsabilidad
¿Cómo dejar de
sentirse culpable?
Todavía recuerdo esa sensación de calambre en el
estómago durante mi infancia, ese sentimiento de culpabilidad. El frasco de
perfume caro de mi madre estallando contra el suelo, la nariz rota de mi
hermana pequeña durante uno de nuestros juegos estúpidos, mi primer cero en
mate… No me faltaron ocasiones para que me consumieran los remordimientos.
Muchos de estos pequeños dramas triviales de la
infancia siguen demasiado arraigados en nosotros a pesar de su pequeña
importancia. Todavía hoy, ese cero, ese frasco, esa pelea, me parecen
insignificantes. Sin embargo, en cuanto los recuerdo, mi estómago se retuerce
como señal de esa culpabilidad que me petrificaba entonces y me bloqueaba
cualquier acción y reflexión.
Es cierto que asumir esta culpabilidad puede
servirnos de protección, pero el miedo termina por paralizar. En vez de ser una
motivación para evolucionar y madurar, se transforma en un desaliento que llega
a minar nuestra autoestima.
El incumplimiento de un plazo en el trabajo, un
altercado innecesario con un colega, un amigo descuidado durante dos semanas…
Le añades dos kilos de más y ahí me ves desesperada delante de un espejo que refleja
a una miserable inútil.
Todos conocemos este sentimiento que
experimentamos con demasiado dolor desde lo más profundo de una versión de
nosotros mismos carcomida por el remordimiento. Freud diría que nuestro
sentimiento de culpabilidad deriva de la dificultad de nuestro Ego para aceptar
nuestras imperfecciones frente a las exigencias impuestas por el Superyó. En
palabras más sencillas, nuestras expectativas –sociales, morales o
intelectuales– son incompatibles con la realidad: esta situación de fracaso
constante termina por convencernos de que no valemos nada.
¿Cuáles
son los orígenes de nuestra culpabilidad?
Es difícil determinar la fuente de esta creencia
con certeza. Y en la infancia, la rivalidad fraternal y nuestro sistema
socioeducativo –en el que se juzga al alumno constantemente por comparación a
los demás– forman los inicios de una futura lucha, de una competición que nos
acompañará a muchos de nosotros en la vida activa.
Comparamos, observamos… y cuando el otro es
mejor, se debe necesariamente a que nosotros somos malos. Siempre habrá alguien
mejor que nosotros. Nos reprochamos nuestras imperfecciones olvidando –o sin
ser conscientes nunca– que lo mejor es precisamente ser uno mismo (¡y eso no es
tan sencillo!).
La
alegría de una existencia sin comparación
Isabelle Taubes, psicóloga y periodista de la
revista Psychologies,
afirma que el primer paso para liberarse de la culpa es tomar cierta distancia
para permitirse descubrir –o redescubrir– el placer de ser nosotros mismos. Así
deberíamos comenzar nuestra lucha contra una culpabilidad tóxica. Tenemos que
dejar de mirarnos a través del prisma de las cualidades y los logros de los
demás. Comencemos por valorar nuestra propia existencia, independiente y única.
Simplemente.
Culpabilidad vs responsabilidad
Los remordimientos (los nocivos, los tóxicos)
aparecen cuando, inundados por nuestras funciones, perdemos de vista el límite
entre responsabilidad y culpabilidad. Como consecuencia, no solo nos sentimos
aún peor, sino que también nos volvemos totalmente ineficaces.
Isabelle Taubes explica cómo funciona este
proceso usando el ejemplo de una abuela que espera una llamada telefónica
durante semanas. Normalmente, habría tres reacciones posibles:
A. Las excusas (baratas): “¡Tenía muchas
cosas que hacer!”. O la variante: “El curro, la casa, los niños… ¡No tengo
tiempo para todo!”.
B. La autoflagelación: “¡Soy un mal hijo/a!”.
C. La banalización: “No pasa nada, la llamaré en
unos días”.
Todas estas opciones resultan de un sentimiento
de culpabilidad, más o menos consciente, que tratamos de ahogar, eliminar o
excusar. Pero, francamente, ¿qué culpa tiene de todo eso la abuela?
En la práctica, lo que cuenta es el resultado.
Es una cuestión de eficacia. Cuando, en lugar de concentrarnos en nuestra
responsabilidad, nos centramos en la carga de la culpabilidad, todas nuestras
acciones y nuestra progresión quedan bloqueadas.
En lugar de recuperarnos y ponernos manos a la
obra, quizás prefiramos compadecernos de nuestro estado emocional.
Por eso las justificaciones o las fustigaciones
son inútiles; solo debería preocuparnos una cuestión: ¿qué siente la abuela que
no hace sino esperar noticias de sus nietos?
A continuación, podemos pasar a cosas más
serias: ¿qué hacemos al respecto? Responder a estas preguntas nos empujará a
encontrar no solo un plan de acción, sino la motivación para atenernos a él.
Este modelo muestra una situación un tanto
trivial, pero puede trasladarse a casi todos los dominios de la vida.
Independientemente del desencadenante de nuestra culpabilidad, que los
disgustos lleguen desde el trabajo, durante una disputa con el marido o incluso
con la abuela, hay que concentrarse en el plan de acción y no en la culpa. Así
evitaremos remordimientos, desencadenante irrefutable de la baja autoestima, al
mismo tiempo que resolvemos determinada situación indeseada.
La conciencia no tiene como objetivo hundirnos
bajo una culpabilidad abrumadora. La conciencia respeta nuestras decisiones y
nos recuerda los valores a los que decidimos permanecer leales. Así que
aprendamos a escuchar a nuestro Pepito Grillo, prestemos atención a sus avisos
y hagamos buen uso de ellos.
Vivamos juntos –y sin comparaciones– la
satisfacción del esfuerzo y el placer de ser uno mismo. Ninguno de nosotros es
el ser humano ideal, todos somos perfectos precisamente porque ninguno lo es. Así pues, en vez de
señalarnos todo lo malo, de culparnos y reprocharnos nuestros fracasos,
¡concentrémonos en nuestras necesidades y actuemos!
....
Desde mi perspectiva, la liberación de nuestra culpabilidad comienza cuando entramos al campo consciente de dejar los juicios, pues Mindfulness no se equivoca cuando nos propone el siguiente precepto: "veamos las cosas sin juicio, con aceptación y sin resistirnos, pues apareciendo el juicio, aparece también el dolor.
¿Deseas dejar tu opinión?
Es bien recibida, pues sin duda aprenderemos algo de tu punto de vista.
Venturoso y productivo día.
Don Emilio Garza
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Desde mi perspectiva, la liberación de nuestra culpabilidad comienza cuando entramos al campo consciente de dejar los juicios, pues Mindfulness no se equivoca cuando nos propone el siguiente precepto: "veamos las cosas sin juicio, con aceptación y sin resistirnos, pues apareciendo el juicio, aparece también el dolor.
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Es bien recibida, pues sin duda aprenderemos algo de tu punto de vista.
Venturoso y productivo día.
Don Emilio Garza
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